Domingo, 16 Octubre 2016 17:42

El trabajador social en salud mental

El pasado 10 de Octubre celebramos el día mundial de la salud mental, con el lema “soy como tú aunque aún no lo sepas”.

Hablar de la intervención del trabajador social, en este área, es hablar del profesional que atiende de manera integral e individualizada las diferentes situaciones de necesidad que subyacen en las personas que se encuentran diagnosticadas de una enfermedad mental grave, es el profesional que contribuye e interviene en el proceso de rehabilitación y recuperación teniendo como fin último la mejora de su calidad de vida e integración comunitaria

Esta breve descripción de la figura del trabajador social en el campo de la salud mental, hubiera sido suficiente para describir y justificar nuestra intervención profesional en el día a día, pero permítanme ahondar en esta reflexión, para que estas palabras no se queden en palabras inocuas de manual de proyectos sociales.

“Soy como tú aunque aún no lo sepas” es una llamada que pretende mostrar, no las necesidades, sino las potencialidades, no la enfermedad, sino las capacidades, no el estigma, sino la ruptura con el propio autoestigma,… dicho de otra manera, es una reivindicación en la recuperación de espacios de igualdad, de condiciones de legitimidad en derechos y de participación plena en nuestra comunidad.

Los profesionales que intervenimos en la salud mental y especialmente los trabajadores sociales, somos facilitadores y acompañantes en este proceso, ya no tanto en la atención de necesidades básicas, sino que también, propiciamos que las personas con enfermedad mental sean actores y protagonistas de su propio cambio.

Y ¿cómo lo hacemos?, en primer lugar personalizando, no todo vale para todos, en segundo lugar marcando objetivos comunes en el que la persona con enfermedad mental hable en primera persona de sus necesidades pero también de sus anhelos y expectativas, y en tercer lugar contribuyendo a crear espacios en la comunidad que posibiliten este transito

Los trabajadores sociales cada vez recurrimos menos a las siempre insuficientes medidas/ayudas de protección social, y establecemos nuestra base de intervención escudriñando e interpretando las normas que regulan la vivienda, la formación, el empleo, la atención sanitaria,… nos apoyamos en el tejido asociativo, hablamos con representantes políticos, con empresarios, con sindicatos, medios de comunicación, responsables de formación, apelamos a la responsabilidad social corporativa…

Todo ello, teniendo la finalidad de impulsar y crear esos espacios que posibiliten la participación activa en el entorno, de propiciar el acercamiento a los recursos sanitarios y de rehabilitación, de lograr alojamientos dignos, de impulsar acciones formativas que habiliten de competencias acreditadas con reconocimiento oficial , de impulsar recursos y acciones encaminadas al empleo protegido, al empleo con apoyos y en empleo normalizado,… en definitiva, estableciendo puentes reales y tangibles que ayuden a canalizar esos legítimos deseos y anhelos, no de las personas con enfermedad mental, sino de los ciudadanos de pleno derecho.

Francisco Javier Ortega Santamaría. Trabajador Social. Director Residencia Comunitaria AFAEPS

Domingo, 16 Octubre 2016 10:48

15 años de teléfono de emergencias 112

Hay efemérides que muchas veces pasan desapercibidas para la opinión pública pero que merecen ser destacadas por su impacto en la mejora de la seguridad y el bienestar de la ciudadanía y una de esas fechas es hoy, día 16 de octubre, porque se cumplen 15 años de la puesta en funcionamiento del teléfono único de emergencias 1-1-2  de Castilla-La Mancha.

Llamar al 1-1-2 se ha convertido casi en un acto reflejo para cualquier ciudadano ante una situación de urgencia o emergencia, lo que pone en valor este servicio público gratuito, que trabaja los 365 días del año, y que facilita un  acceso rápido y fácil a todos los cuerpos de intervención existentes para hacer frente a esas incidencias (Sescam, bomberos, Guardia Civil, Policía Local, Policía Nacional, Protección Civil, agentes medioambientales, etc).

En sus quince años de servicio han atendido 31 millones de llamadas de ciudadanos y ciudadanas, es decir una media de 5.600 llamadas diarias, lo que pone de manifiesto el enorme valor que supone disponer de este centro de coordinación de urgencias y emergencias en Castilla-La Mancha.

Por eso, desde el Gobierno de Castilla-La Mancha vamos a  seguir impulsando la mejora y modernización del Servicio de Atención y Coordinación de Urgencias y Emergencias (SACUE) 1-1-2,  renovando por completo su plataforma tecnológica y potenciando la formación de sus trabajadores y trabajadoras.

También desde estas líneas quiero resaltar y agradecer la espléndida labor desarrollada en estos quince años por los profesionales que atienden el 1-1-2, siempre con unos altos niveles de calidad, como se constata en cada una de las encuestas anuales que se hacen a los usuarios de este servicio sobre su grado de satisfacción, con notas que nunca bajan del sobresaliente.

En ese sentido, quiero aprovechar esta efeméride para destacar de manera específica el gran trabajo que llevaron a cabo todos los profesionales del 1-1-2 de Castilla-La Mancha para hacer frente recientemente a dos siniestros de una gran complejidad y riesgo como fueron los incendios del vertedero de neumáticos de Seseña y de una planta de reciclaje en Chiloeches.

Siniestros en que demostraron su excelente capacidad profesional para coordinar durante un tiempo prolongado un gran número de dispositivos de urgencias y emergencias, lo que permitió abordar con eficacia la extinción de ambos incendios.

Quiero acabar dando las gracias en nombre de los ciudadanos y ciudadanas de esta tierra a todas y cada una de las personas que mantienen operativo cada día del año el teléfono único de emergencias 1-1-2, porque saber que siempre hay alguien al otro lado de la línea ante una urgencia o emergencia genera mucha confianza y seguridad a una población que vive y duerme más tranquila desde hace 15 años.

Juan Alfonso Ruiz Molina

Consejero de Hacienda y Administraciones Públicas

Miércoles, 12 Octubre 2016 06:41

Cualquier tiempo pasado fue mejor

Este refrán, perteneciente al Refranero Español, tan certero como puñetero, como más de una y dos veces he repetido, por la sencilla razón de que encierra, dentro de sí, la realidad, verdadera y cruda, a veces, de la vivencia cotidiana, sin ambages y sin trampa ni cartón, sin bombo alguno que tape, en su caso, las vergüenzas sentidas por aquel o aquellos que se sientan concernidos por el contenido del mismo y la puesta en escena, como una obra de teatro cualquiera, de lo que, en definitiva, puede, incluso, consternar al interesado. Pues bien, este refrán viene a describir que lo que acontece ante nuestro ojos hoy no supera positivamente lo acontecido en tiempos pretéritos, y si, en algunos casos, lo empleamos por puro sentimiento nostálgico, pues qué duda cabe que con el paso del tiempo las habilidades y las capacidades del ser humano sufren paulatinamente un deterioro progresivo importante (por poner un ejemplo, pensemos en nuestra niñez, que nuestro cuerpo, por así decirlo, parecía de goma, saltando, corriendo, cayéndonos, incluso, y dando de bruces de cara con el suelo, levantándonos en décimas de segundo, como si no hubiera ocurrido nada) y la torpeza, no sólo en el ámbito físico, sino también y esto es más grave, en el ámbito psicológico y mental, toma carta de naturaleza, produciendo, en no pocos casos, desazón, malestar y malhumor, al recordar aquellos tiempos en que nos movíamos como pez en el agua y respondíamos a los retos que se nos presentaban con ligereza y prontitud de reflejos. Pero esto queda, como he dicho, en ese ámbito de la nostalgia.

Mas dicho refrán tiene su sentido más auténtico y patético, si cabe, cuando hemos de referirnos al mismo, invocando tiempos pasados, al comprobar que por mucho que la ciencia haya avanzado, e igualmente ese avance se demuestre en la propia conducta del ciudadano que, al menos, en el mundo occidental parece haber logrado el colmo de la felicidad en cuanto a consecución de derechos y, por ende, el manido estado de bienestar social, todo ello derivado de, repito, el avance de la investigación en la ciencia y la técnica, con hallazgos impensables no hace tanto tiempo, con las nuevas tecnologías por delante en todos los aspectos y ámbitos, pero que, en definitiva, y pese a todo ello, dejan un vacío en el corazón y en el alma del hombre, que no acaba de llenar o colmar el mismo y que le sumerge en la duda existencial que acongoja, quizás más que nunca, al ser humano, quizás porque se ha ido transitando paulatinamente al avance en la ciencia y la tecnología, en un paralelo abandono de los principios morales, éticos y espirituales, al haber ido conformándose una sociedad en la que lo primero que prima, valga la redundancia, sea el conseguir el máximo económico, abrazando la filosofía de lo material, pisando, si ello fuere necesario, o, incluso, eliminando al vecino siempre que se interponga en nuestro camino e impida que alcancemos esas metas espurias y banales a las que aspiramos y a las que nos abocan no sólo nuestros dirigentes, desde cualquier punto opuesto de mandato, sino los propios medios de comunicación que tienden a crear en el ser humano esa especie de “avaricia”, de ser el “primus inter pares” en el materialismo, el relativismo y la banalidad como un modo de vida, arrumbando aquellos principios citados, derivados y construidos a lo largo de los siglos bajo la llamada civilización cristiana y de los que, hoy por hoy, abomina ese monstruo creado a imagen y semejanza, casi diría, de Belcebú, estando ya al límite de la situación que la Biblia nos describe de las ciudades de Sodoma y Gomorra, merecedoras de su destrucción, como único medio para acabar con el mal, y que, pese al empeño y la insistencia de Abraham, Dios no pudo perdonar, pues tal fue el envilecimiento a que sus habitantes llegaron que hacía imposible la marcha atrás, al traspasar todos los límites habidos y por haber.

Pues bien, cierto es que, lamentablemente, hoy por hoy, no podemos sino seguir lamentándonos y esgrimir ese refrán, que ya debería haber quedado en el rincón del olvido, a pocas luces que fuéramos capaces de alumbrar, pero que sigue vigente, erre que erre, como un mantra que se nos haya pegado a la piel como una matrícula y que sigue dando toques de atención sobre nuestras conciencias, por ver si de una vez por todas pudiéramos volver y regresar a la sensatez y al sentido común que debieran orientar y dirigir todas las acciones del ser humano, y tal como indica nuestra Carta Magna (en su artículo 14), cualesquiera que fueren su nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

Y es que, efectivamente, nunca el ser humano ha gozado de unos instrumentos más valiosos y ventajosos al alcance de su mano para el ejercicio cabal de la función para la que fuimos creados, léanse Constituciones Democráticas, Proclamación de los Derechos Humanos e infinidad de promulgación de leyes dirigidas a la protección de los más débiles y desfavorecidos y las tendentes a contener, mediante el castigo correspondiente a quienes, aún, pese al tiempo transcurrido desde su formulación, siguen blandiendo la famosa frase de Hobbes, según la cual “el hombre es un lobo para el hombre” (homo, homini lupus est).

Y, quizás, cada día se confirma con más convicción y certeza, que hemos perdido el norte de nuestra existencia y nuestra misión en el mundo, y bastarían unos pocos ejemplos que vendrían a demostrar tal deriva y que parecen suceder sin que nadie se inmute ni mueva un dedo ni una ceja para remediarlo, aunque fuera simplemente como una mera reflexión acerca de que algo no funciona en este coche inalámbrico en que hoy se ha convertido el mundo y en el que seguimos a toda leche sin pararnos un segundo, ni medio, a reflexionar y  pensar cuáles sean las causas de tantas y tantas cosas que suceden a diario ante nuestros ojos y que por más aberrantes, espeluznantes, horrorosas y lamentables sean, las veamos ya como cosas normales en el devenir cotidiano y siempre poniendo de manifiesto nuestra insolidaridad con ese insidioso dicho o pensamiento de “mientras a mí no me toquen”, dejando en la estacada y en el abandono al prójimo. Y así nos luce el pelo.

Y así, en estado de cosas y en este cultivo en el que vegetamos, o sobrevivimos más que vivimos, suceden los casos de las Preferentes o de las Tarjetas Black, maquinados y llevados a cabo por personas sobre cuyos hombros descansaban los pilares del presunto bienestar de la sociedad y la protección de los ciudadanos de a pie; o de la supercorrupción política, que ya es gangrena en el Partido Popular, que es el Partido que ha gobernado los últimos cinco años, incluido el de estancia en funciones, y responsable último de ese bienestar y de la defensa material y personal de 47 millones de almas, y cuyos prebostes máximos se llaman andana, como si ellos acabaran de aterrizar en esas pantanosas y movedizas tierras de las alcantarillas, llegando ya al paroxismo la última, anteayer, revelación del Diario “El Mundo”, del “powerpoint” sobre la financiación ilegal del Partido, manual trasladado por los responsables nacionales a los dirigentes territoriales para ocultar las donaciones recibidas y burlar los controles del Tribunal de Cuentas en materia de gasto electoral, y todo ello en pleno apogeo del juicio sobre el caso de la “Gürtel”, siendo lo paradójico que cuanta más corrupción se descubre en el Partido Popular (no olvidemos que es el primer partido que en la reinstaurada democracia española, se sienta en el banquillo de los acusados, aunque sólo sea por ser beneficiario civil de las resultas de la esquilma llevada a cabo por no pocos cargos del mismo con la connivencia de empresarios y por medio de los conseguidotes de turno, que ya es hilar fino para no inculparle de algo más grave que está en la mente de cualquiera que tenga dos dedos de frente) más suben en las encuestas sus expectativas de repetir mandato, lo cual lleva a la conclusión de que, o todos somos cómplices, o de que hemos perdido el juicio (mental, me refiero).

O, por poner otro reciente caso, la concesión del Premio Nobel de la Paz al Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, por la Academia Noruega encargada de conceder tal galardón, a poco menos de cinco días de que el pueblo colombiano haya rechazado en referéndum el acuerdo firmado con las FARC, por la vejación que supone para las víctimas los términos del mismo y la idolatrización que se hace de “Timochenko”, cohiba por medio, y compañía. O, por no salir de Oslo, aquel otro Premio Nobel de la Paz otorgado al casi ya ex-Presidente Barak Obama, cuando aún no le había dado tiempo de decir esta boca es mía, tras su elección hace ya ocho años, y dejando vivo el enjambre de Guantánamo, que se comprometió a cerrar como una de sus primeras medidas de Gobierno. Y por no salir de los USA, los aspirantes a Presidente actuales, Donald Trump y Hillary Clinton, que ya me dirán Vds. el perfil presidencial de ambas “figuras”.

En fin, podríamos extendernos hasta el infinito, pero me temo que no haya papel para poner de manifiesto tanta decadencia, excrecencia y experiencias tan malsanas, funestas y nefastas como nos asolan día sí y día también.

En este caldo de cultivo, no es de extrañar que el referido refrán “cualquier tiempo pasado fue mejor”, cobre cada día más actualidad y no sea simplemente una mera implosión de nostalgia.

MIGUEL-ANGEL VICENTE MARTINEZ

12 de octubre de 2016

Una de las potencialidades del Trabajo Social como disciplina científica y actividad profesional, es su capacidad para desarrollar procesos de atención integral centrados en personas y familias que se encuentran en situaciones de conflicto y malestar, bien por la fragilidad que produce la marginación o exclusión social, bien por haber perdido la capacidad de autonomía personal o familiar. Una de estas situaciones, que viene demandando una mayor atención profesional durante los últimos años, es el fenómeno de la pobreza sobrevenida.

En las últimas décadas, la pobreza iba asociada generalmente a situaciones de marginalidad y circunscrita por lo general a grupos de población desfavorecidos. Se consideraba como residual en nuestras modernas sociedades avanzadas, con tasas reducidas de desempleo que afectaban a grupos concretos de población y en las que, gracias al crecimiento económico, se podía garantizar la seguridad y el bienestar de la mayoría. En los últimos años, esta misma sociedad ha sufrido un profundo cambio, sobre todo por la emergencia de una importante crisis financiera y económica que ha incrementado la pobreza, la desigualdad y la precariedad, y ha disminuido los elementos de protección hasta ahora existentes. Todo esto ha originado una nueva relación con la pobreza, que añade a los grupos ya desfavorecidos un importante y creciente número de individuos y familias que nunca han tenido contacto con ella. Sea cual fuere su posición social de procedencia, estos individuos han perdido el empleo y han descendido bruscamente en su posición socioeconómica, con el coste personal y familiar que esto conlleva. Se ha generado, por tanto, una nueva zona de riesgo psicosocial que acoge a estos grupos frágiles y vulnerables (en muchos casos familias con menores y adolescentes, estos últimos en ocasiones, reivindicando su estatus perdido al que ya no tienen acceso), sin capacidad para planificar su futuro y que, de prolongarse esta situación, pueden caer en procesos de exclusión social. La pobreza y la exclusión social ya no son exclusivas de grupos marginales, este fenómeno es expresión de la nueva sociedad del riesgo.

Ante todo ello, la intervención desde el Trabajo Social ha de trascender la mera demanda económica y la gestión de prestaciones para la satisfacción de necesidades básicas; hecho este que se resolvería con la implantación de una renta básica no condicionada, ajena a los sistemas de intervención social o psicosocial. De este modo y desde esa capacidad de atención integral antes mencionada, debe centrarse  en la intervención con personas y familias mediante el desarrollo de  metodologías y técnicas de acompañamiento y soporte individual; en la intervención  grupal con personas afectadas, con objetivos socio-terapéuticos y de ayuda mutua; y generando a nivel comunitario espacios públicos de participación para la expresión del malestar y la reivindicación y búsqueda de alternativas. Teniendo en cuenta, en todo este proceso de intervención, los factores que diferencian a la pobreza clásica de la pobreza sobrevenida.

Este sufrimiento y crisis personales constituyen la cara oculta del fenómeno del desempleo y de su compañera la pobreza. Intervenir solamente sobre su cara visible de carácter económico o de necesidad material, supone condenar a la marginación y al sufrimiento a un gran número de personas y dejarlas sumidas en la ignorancia y en la impotencia.

Javier Sebastián

Miércoles, 28 Septiembre 2016 07:48

Vivo sin vivir en mí

Así es, desde que el pasado martes, 20 de septiembre del corriente año, viendo y escuchando las noticias de la Sexta Televisión, anunciaron, como un aldabonazo, la noticia que me cogió por sorpresa y que hizo recorrer por todo mi cuerpo, entero sin dejar de lado parte alguna, como un latigazo eléctrico que me dejó helado y estupefacto, al soltarla sin previo aviso y de repente, como cuando explota un globo al ser pinchado, la noticia, digo, del divorcio entre Angelina Jolie y Brad Pitt. Eran las veinte horas y como quien no se cree ciertas noticias o piensa que se las ofrecen en plan gato por liebre, tras comprobar que no me hallaba en el día de los santos inocentes, nervioso y aún sin haber salido de mi asombro y estupefacción, conecté con las noticias del Telediario de Antena 3, a las veintiuna horas. Y como un mazazo recibí la confirmación de lo que mi ser entero repudiaba y deseaba no fuera cierto. Luego vino la prensa escrita, con algunos diarios publicitando en primera página (La Razón, El País, entre otros) la triste y tensa noticia del susodicho divorcio que anegó mi alma de tristeza y haciéndome sentir como si un golpe hubiera sacudido mi cuerpo entero y del que preveía y vaticinaba una larga y dolorosa temporada dedicada a la rehabilitación de mi ser, en un centro psicológico y psiquiátrico, incluso, tal fue el impacto que me produjo, pues llegué a pensar que ya, de ahora en adelante, nada sería igual en mi vida, ante el pavoroso anuncio y su confirmación, de esa separación, de esa tormenta que se avecinaba sobre una familia, que, hasta la fecha, había sido un ejemplo a seguir, por su verdadera y profunda comunión con eso que, a veces, sin darnos cuenta y de una manera irresponsable, llamamos o calificamos de amor.

No es de extrañar que la noticia haya roto, incluso, moldes en la impresión de las mismas por los distintos rotativos. Así, el Diario “ABC” enfatiza con un “Angelina Jolie rompe con Brad Pitt y pone en marcha el divorcio del año”; en páginas de “La Razón” con un “el fin de los señores Smith”; o  en “La Tribuna de Albacete” o “El País”, con un “el fin de la pareja perfecta”; o el propio “El País”, del día 24 de septiembre, con un “Angelina Jolie y Brad Pitt, un divorcio de cine”, añadiendo “acusaciones de maltrato, drogas, alcohol, 446 millones a repartir...Así es el final del matrimonio más carismático de Hollywood”.

Y todo esto, así, de repente, sin preparación previa ni medias tintas, cayendo como un jarro de agua fría sobre la cabeza de quienes tan ciegamente confiábamos en ese “amor”, tan poco terrenal y al uso, que otrora desplegaban esos mismos medios de comunicación a los cuatro vientos, poniéndonos los pelos de punta y haciéndonos creer a los pobres de corazón que éramos quienes así veíamos, como si de una película se tratara, la relación entre estas dos bellezas, guapo él, guapa ella, cuyas vivencias y bonanzas nos restregaban por los ojos en un afán de ponerles como ejemplo para la humanidad entera y que hacía que nos devanáramos los sesos en analizar y estudiar cuál era el tipo de amor que los pobres de a pie manteníamos y mantenemos con nuestras respectivas parejas, que, en modo alguno, había de ser comparable, ni por asomo, con lo que se presumía y se ponía al descubierto entre esa pareja inalcanzable para nosotros.

Se cuenta que la chispa que incendió el corazón de ambos saltó, entre escena y escena, en el rodaje que ambos protagonizaron, de la película “Sr. y Sra. Smith”, en el año 2.005, aunque, pese a ello, no contrajeron nupcias  hasta el año 2.014, pese a que desde aquel rodaje la pareja ya hacía vida matrimonial, constituyendo, según dicen, “una pareja soñada e idílica; un amor que parecía sacado de la comedia más romántica...y que provocó más de un suspiro de admiración entre sus seguidores y alguno también, quizá, de envidia sana”. ¡Coño!, justo lo que me ha venido pasando a mi; y ahora ¿qué? Bien pudiera considerar que me han tomado el pelo, que han estado jugando conmigo y con cuantos como yo hemos caído en la red de ese romanticismo ejemplar que creíamos había terminado con las “Rimas” de Gustavo Adolfo Bécquer. ¿Quién me compensa a mí y a esos tantos otros, el tiempo perdido pensando en ese romanticismo, que ahora ha resultado un bluff, a quienes creíamos que nos hallábamos ante dos dioses, que ahora han demostrado tener los pies de barro, como unos cualesquiera ciudadanos de a pie, calzados o no? ¿Podremos resarcirnos interponiendo una demanda y solicitando daños y perjuicios? ¿Cuáles son esas “diferencias irreconciliables” que alega Angelina en su demanda de divorcio? ¿Tan irreconciliables son hasta el punto de ser causa suficiente para romper esta historia de amor tan sublime y romántica y hacernos unos desgraciados al común de los mortales?.

Nos han roto el corazón, aunque, a decir verdad, no creo que ninguno de los dos sufra y pierda la salud por este tropezón en la vida, sobre todo teniendo en cuenta sus amplios y vastos antecedentes sexuales y matrimoniales, pues no en vano, al menos, que se sepa, ambos habían tenido un amplio expediente de romances con compañeros de profesión: él, había salido con Gwyneth Paltrow y con Julie Lewis, antes de comprometerse y contraer matrimonio con Jennifer Aniston, de la que se divorció; y ella se había casado y divorciado en dos ocasiones, primero con Jonny Lee Millar y posteriormente con Billy Bob Thornton. Y eso, sin contar las canas al aire que antes y después de unirse hayan podido echar con otros/as partenaires. ¡Rayos!, revisando este historial, ahora me doy cuenta de que no eran tan  perfectos, inmaculados, puros e impolutos, como creíamos. En realidad, conforme voy escribiendo e informándome de las cuitas de esta entrañable pareja, se me va pasando el pesar y la sinrazón, que al principio anuncié. ¡Vaya, que empiezan a importarme un bledo, un rábano o un pijo, hablando en idioma castellano-manchego!. Mal rayo los parta y que les dén, que yo voy a seguir con mi vida y que la de ellos la despanzurren en el papel cuché de la prensa rosa y allá películas.

En fin, sólo como una idea, podría apuntarles que si su relación nació rodando, en el plató y en los escenarios, bien podrían ponerse de acuerdo, haciendo de tripas corazón y en aras de esa sociedad económica y mercantilista que me parece fluía en el fondo y en el centro de flotación de esta relación,  para rodar la película de su divorcio; seguro que los trapos sucios que salieran a relucir serían del agrado de los amantes del tipo de publicaciones rosas y amarillas. Sólo, como idea, por si les apetece; seguro que sería una de las películas más taquilleras que haya dado la Meca del cine. ¡Vamos, que ha llegado la hora de cambiar el titulo de este artículo que debiera ser ahora “vivía sin vivir en mí”!. Ahora empieza la vida para mí.

MIGUEL-ANGEL VICENTE MARTINEZ

28 de septiembre de 2016

Martes, 27 Septiembre 2016 14:03

El turismo, motor de desarrollo regional

El 27 de septiembre, celebramos el Día Mundial del Turismo, que tiene por objeto sensibilizar a la comunidad internacional sobre su importancia y valor social, cultural, político y económico. Este año, pone su acento en el turismo accesible, reclamando el derecho de todos los ciudadanos del mundo a conocer de primera mano la increíble diversidad de nuestro planeta y la belleza de nuestro mundo.

Vivimos en un mundo cada vez más pequeño, la revolución tecnológica y de los transportes ha generado nuevas oportunidades para el intercambio, el conocimiento entre culturas y la puesta en valor de los activos turísticos. Cada vez más personas en todo el mundo están dispuestas a conocer otras formas de vivir, a viajar para aprender, para divertirse, para vivir nuevas experiencias.

Una región como Castilla-La Mancha debe aprovechar esta situación. El turismo debe ser uno de los motores de nuestra economía. Se trata de una actividad que no es deslocalizable, que genera el empleo y la riqueza en nuestro propio territorio.

En este sentido, nuestra tierra cuenta con los mejores activos. Tenemos un vasto patrimonio histórico, cultural y artístico. La belleza de nuestros recursos naturales también contribuye a hacer nuestra región más atractiva. Nuestra excelente oferta gastronómica ofrece una verdadera oportunidad para aquellos que buscan nuevas experiencias. Y sobre todo, el carácter y la forma de ser de nuestras gentes hacen que las personas que deciden visitarnos se sientan acogidas como en casa.

Teniendo en cuenta todos estos factores, y conscientes de la necesidad de aprovechar todas las potencialidades de Castilla-La Mancha, pusimos en marcha el Plan Estratégico de Turismo 2015-2019, la hoja de ruta para desarrollar un modelo turístico sostenible, cohesionado y competitivo.

Nuestros retos son incrementar el número de personas que nos visitan, aumentar su tiempo de estancia y el gasto que realizan, fortalecer la colaboración con el sector, potenciar el sistema de inteligencia turística y aumentar la competitividad e innovación de nuestras empresas. Todo ello mejorando nuestra imagen como destino y aprovechando nuestras señas de identidad como activos.

En Castilla-La Mancha tenemos la suerte de contar con uno de los embajadores más universales. El hecho de que la obra literaria más importante jamás escrita ubicase las aventuras de su protagonista en nuestra tierra, nos pone en una situación privilegiada que en ningún caso podemos desaprovechar. Cervantes y el Quijote son nuestros mayores activos turísticos.

Por eso estamos poniendo todo nuestro empeño en las conmemoraciones del IV Centenario de la muerte de Cervantes. Con un presupuesto de más de 3 millones de euros procedentes de fuentes públicas y privadas, el IV Centenario tendrá un impacto económico superior a los 150 millones de euros en Castilla-La Mancha a lo largo de 2016, y nos permitirá centrar la celebración en la puesta en valor de nuestro rico patrimonio natural, cultural y monumental atrayendo a más de 1,2 millones de turistas. Por ello, estamos desarrollando cerca de 70 actividades y alrededor de 300 actuaciones en más de 50 municipios de la región, que ya ha recibido casi 800.000 visitantes más desde que iniciamos las actividades en torno a esta conmemoración. A todo ello, tenemos que sumar otras conmemoraciones como el 70 aniversario de la publicación de ‘Viaje a la Alcarria’ de Camilo José Cela o el Centenario del nacimiento de Antonio Buero Vallejo.

En la actualidad, contamos con datos positivos que apuntan al optimismo. En lo que llevamos de año, Castilla-La Mancha crece tanto en pernoctaciones como en viajeros a un ritmo superior al del conjunto de España. Somos la cuarta Comunidad Autónoma de España en incremento de viajeros y pernoctaciones. En lo que se refiere al turismo rural, somos el destino que más crece en viajeros, más del doble que la media nacional.

Estos datos se están traduciendo en la creación de empleo. Durante los ocho primeros meses del año, el incremento que registra la afiliación a la Seguridad Social en este sector en Castilla-La Mancha es de un 4,4 por ciento, el segundo mayor entre los destinos de interior.

Los datos esperanzadores que arroja el comportamiento del turismo en nuestra región no hacen sino animarnos a redoblar nuestros esfuerzos y nuestra colaboración con el sector para que Castilla-La Mancha pueda aprovechar al máximo sus potencialidades.

Quiero terminar invitando a todas y a todos a que conozcan todos los rincones de nuestra tierra, garantizándoles que volverán a sus lugares de origen habiendo disfrutado de grandes experiencias. Sin duda, para todos aquellos que nos visiten, Castilla-la Mancha quedará en un lugar de sus vidas.

Patricia Franco

Consejera de Economía, Empresas y Empleo de Castilla-La Mancha

Miércoles, 24 Agosto 2016 05:21

La ceguera de la justicia (y III)

Si en los dos artículos anteriores y en alguna otra ocasión he llamado la atención por ciertos casos o asuntos “malresueltos” por los miembros del poder judicial, adolecentes de sentido común y de cabalidad, y sobremanera de equidad y de justicia, otros muchos casos podríamos recordar, entre otros dos supuestos más, que, a mi juicio,  empañan la labor que cientos o miles de jueces (se calculan unos tres mil) vienen, a diario, realizando, con total vocación de servicio a la sociedad y a la JUSTICIA, con mayúsculas; mas parece como si por arte de birlibirloque desde hace tiempo, hayamos entrado en barrena cogiendo una pendiente por la que nos deslizáramos boca abajo y sin frenos. Así podemos referirnos a la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid respecto del caso, sentenciado en Julio de 2.008, denominado NANYSEX (la niñera del sexo), en el que, una vez más, han quedaron al descubierto la pusilanimidad, la desfachatez y el sinsentido de unos magistrados que califican los hechos horroríficos, impúdicos e indescriptibles, cometidos contra cinco niños, de entre uno y tres años, simplemente como de abusos (y no de agresiones) sexuales, sencillamente porque las víctimas no opusieron resistencia (“no se aprecia dicha fuerza como un acto continuado y constante, tendente a vencer la resistencia y voluntad que pudiera presentar la víctima que intenta preservar así su libertad sexual”), como si las víctimas, a esa edad, debieran ser conscientes de lo que les estaban haciendo, debiendo haber opuesto una resistencia inconcebible en las mismas. Pero, ¡hombres de Dios (o más bien, del diablo, en este caso) ¿cómo puede exigírsele a un menor, de entre uno a tres años, que oponga resistencia a hechos tan execrables y aborrecibles como someterlos a masturbaciones, felaciones e, incluso, penetraciones? ¿qué conciencia podían tener dichos menores de lo que les venía encima? ¿pero qué tienen (o qué no tienen) sus señorías debajo de las togas y detrás de las puñetas?. En este caso, el pederasta  Alvaro I.G., conocido como “Nanysex”, fue condenado a 58 años de prisión como autor de cinco delitos de abusos sexuales y seis de corrupción de menores, cometidos contra cinco niños entre 2.002 y 2.004, y cuya condena hubiera subido a 175 años de prisión si los hechos hubieran sido considerados como agresiones sexuales y no simplemente (es un decir) de abusos sexuales, tal como pedían las acusaciones particulares y la propia Fiscalía. Eso sí, dedujeron (sin que nadie lo pidiera) testimonio para imputar a uno de los padres de las víctimas, que en una de las sesiones no pudo reprimirse y le asestó un puñetazo en la cara al acusado en una de las vistas, porque, esgrimió el Tribunal que “no se puede permitir en ningún caso” un altercado de este tipo durante un juicio, a pesar de que “puede ser comprensible desde el punto de vista humano” la reacción de este hombre desesperado. ¡Y tan desesperado, y más que lo llegaría a estar desde que conociese la sentencia!. No es de extrañar que pusieran el grito en el cielo, entre otros, el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, el Defensor del Pueblo andaluz, y a cuantos con un mínimo de sensibilidad y de sentido común, haya revuelto las tripas esta sentencia, que ha entrado por demérito propio en los anales de la injusticia y los atropellos judiciales. Aunque, la casación ante el Tribunal Supremo llevó a rebajar la pena impuesta al condenado en 13 años y medio, pasando de 58 años que le impuso la Audiencia Madrileña a 44 años y medio de prisión fruto de la citada rebaja, lo que nos lleva a entonar ese estribillo que dice “no me mandes más jamones, que tengo la casa llena” o ese refrán según el cual “fue peor el remedio, que la enfermedad”.

Y qué decir del varapalo que el Tribunal de Defensa de los Derechos Humanos de Estrasburgo ha propinó a España en general y a la justicia española en particular, al dictaminar que, efectivamente, el Tribunal encargado de juzgar y de sentenciar al Juez Gómez de Liaño por su actuación en el caso Sogecable (y que le costó la expulsión del cuerpo judicial), carecía, a todas luces, de la independencia que le es debida y exigida a un Tribunal, al estar sus miembros contaminados por la instrucción y predispuestos a declarar culpable al juez juzgado, propinando una bofetada de órdago a la grande (por decirlo finamente) a nuestras presuntas y teóricas más altas instancias judiciales, el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional, quienes cometieron y avalaron, respectivamente, la tropelía.

MIGUEL-ÁNGEL VICENTE MARTÍNEZ

   24 de Agosto 2016

Miércoles, 17 Agosto 2016 06:50

La ceguera de la justicia (II)

Terminábamos la entrega anterior en espera de que el Tribunal Constitucional Español, enmendara la plana al Tribunal Supremo respecto del Recurso de Casación interpuesto por la Asociación de Víctimas de la Talidomida (AVITE), ante éste último Tribunal, contra la Sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid, que consideró que el derecho a ser indemnizados los afectados derivados de la ingesta de dicho medicamento, había prescrito, confirmando el Tribunal Supremo dicho criterio, por cierto, en contra de la opinión de la Fiscalía, y, por tanto, negando todo tipo de indemnización a quienes sufrieron las malformaciones físicas y psicológicas que dicho fármaco les produjo.

Ahora, el Tribunal Constitucional no ha admitido el recurso de amparo presentado por la dicha Asociación de Víctimas de la Talidomida (AVITE) contra la dicha Sentencia del Tribunal Supremo de Septiembre de 2.015, con la expectativa  de que las víctimas de la talidomida fueran indemnizadas por las secuelas que sufren y sufrirán, de por vida, por la ingesta que sus progenitoras hicieran, para paliar las náuseas que normalmente acompañan a un embarazo, de la citada medicación de la talidomida y cuya reclamación se dirigía hacia la farmacéutica que la comercializó, la alemana Grünenthal GmbH, siendo España “el único país del mundo en el que el culpable demostrado sale libre de todo mal y toda causa”, así se manifestaba, al conocer el veredicto del Constitucional el Vicepresidente de la Asociación de Víctimas de la Talidomida (Avite), Rafael Basterrechea. Y añade: “La Justicia Española libera de toda responsabilidad a la empresa que asesinó y mutiló a 3.000 españoles. La farmacéutica Grünenthal no sólo se ha librado de indemnizar a los que ya han muerto, sino además a los mutilados”. El Tribunal Supremo ya rechazó en Septiembre de 2.015 el recurso de las víctimas y les negó la indemnización que pidieron al laboratorio en cuestión, el cual comercializó un medicamento para embarazadas que causó malformaciones a miles de niños en la década de los años 50 y 60, por entender que la acción para la exigibilidad de dichas indemnizaciones había prescrito. El propio Barrenechea da en el clavo al calificar esta posición de nuestro más Alto Tribunal, al decir que “tú tienes que pensar que las instituciones que financias están para defenderte, luego la realidad te demuestra que los señores juristas, que viven muy bien y se van a jugar a los campos de golf, hacen lo que  quieren y defienden a quien defienden, al fin y al cabo, esos campos de golf los pagan las farmacéuticas, no los pagamos nosotros”. Y remacha asegurando que la lucha no ha sido sólo contra la farmacéutica, sino “contra un Estado inmovilista y sinvergüenza” y no le falta razón, en tanto en cuanto, en este asunto, algo habría de decir el Ministerio de Sanidad, que para aclaración de todos y que no quepa duda alguna, forma parte del Gobierno de España, y que, por acción u omisión, alguna responsabilidad tendrá también en este triste y lamentable suceso.

En cualquier caso, en este triste y lamentable suceso, repito, una vez más, la Justicia ha quedado con el culo al aire, teniendo en cuenta que las víctimas de otros muchos Estados, tales como Alemania, Japón o Australia han sido indemnizadas y muy generosamente, por cierto, o como en Canadá donde el propio Gobierno se implicó en indemnizar a las víctimas, pero, al parecer, en estos países existen unas verdaderas instituciones que cumplen, bien y fielmente con la misión y las obligaciones que les están constitucionalmente encomendadas, en aras de la defensa y protección de los intereses y los derechos de sus ciudadanos. En fin, un caso más, en el que quienes tenían la misión de hacer JUSTICIA, se han lavado las manos como las manos se lavó Poncio Pilatos, entregando a su suerte a Jesucristo ante la chusma del pueblo hebreo, y a cuyas señorías habría que espetar, que bien pudiera haber prescrito la acción para reclamar las indemnizaciones, que no parece esté muy claro, según se desprende de los autos, pero habría que recordarles que lo que sí, nunca jamás, van a prescribir son las secuelas y mutilaciones, no sólo físicas, que también, sino morales, que de por vida van a perseguir a los afectados. No queda otra vía que el recurso ante el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, con lo que de calvario anímico y económico va a suponer para el colectivo.

Hay que recordar, como información, que el fármaco de la Talidomida fue comercializado entre los años 1.957 y 1.963 como sedante y calmante de las náusea durante los tres primeros meses de embarazo. Provocó miles de nacimientos de bebés afectados de “focomelia”, anomalía congénita que se caracterizaba por la carencia o excesiva cortedad de las extremidades. No es de extrañar ante esta reiteración de la ¿justicia? negando la mayor a los afectados, que, además de las manifestaciones arriba señaladas expresadas por el Vicepresidente de la Asociación de Víctimas de la Talidomida (AVITE), Rafael Basterrechea, una vez conocida la desestimación del recurso de amparo por el Tribunal Constitucional, las que manifestara, en su día, ante la Sentencia del Tribunal Supremo: “estaba en el guión, pero no lo entiende ni el que la dictó”; “estoy un poco avergonzado de ser español. Seguramente de 47 millones de españoles, solo entienden el fallo 11”; “el que tiene hace lo que quiere, y el que no tiene se aguanta”; “la lucha no ha terminado. Ahora tenemos que digerir el palo, pero nos quedan el Tribunal Constitucional y el de Derechos Humanos de Estrasburgo. Lo que pasa es que cada vez estamos más cansados. Cada proceso son años y dinero. Al final ganaremos cuando tengamos ochenta años o hayamos muerto y cobren la indemnización nuestros hijos o  nuestros nietos”.

Como se ve el desánimo y la tristeza hizo mella entonces (ante la Sentencia del Tribunal Supremo) y la habrá hecho ahora (ante la Sentencia del Tribunal Constitucional) en el colectivo de afectados. Esperemos que en Estrasburgo corran corrientes de aire fresco y de justicia auténtica que logre mitigar, al menos económica y moralmente, a un colectivo al que parece haberle dado la espalda las Instituciones Españolas.

En verdad, que los afectados de este colectivo no merecían en su lucha haberlo hecho contra los elementos, así como manifestó Felipe II cuando la Armada Inglesa deshizo a la Invencible Española en la batalla de Trafalgar.

MIGUEL ÁNGEL VICENTE MARTÍNEZ

   17 DE AGOSTO DE 2016

Miércoles, 10 Agosto 2016 05:23

La ceguera de la justicia (I)

Ante la Sentencia del Tribunal Constitucional denegando las indemnizaciones a los afectados de minusvalías y malformaciones derivadas de la ingesta de la Talidomida por sus progenitoras, vamos a recordar el artículo que se publicó en este mismo Diario Digital el pasado día 21 de Octubre de 2.015, en relación, entonces, con la Sentencia del Tribunal Supremo que denegaba igualmente dichas indemnizaciones y seguiremos con una o dos entregas más.
A la hierática dama que simboliza la justicia (reminiscencia de las cariátides del Erecteión de Atenas), con una espada en la mano derecha (signo de poder) y una balanza en la izquierda (signo de equilibrio y equidad), se la presenta con un tercer signo o elemento, cual es el de la venda sobre los ojos, que le impide totalmente ver (signo de imparcialidad y ecuanimidad). Pero lo cierto y tal como están las cosas, no sé si habría que revisar estos símbolos, porque respecto del poder hoy día lo encontramos mediatizado por los otros dos poderes, el Ejecutivo y el Legislativo, que junto con el propio Judicial, constituyen el esqueleto dinosáurico (por su presunta fortaleza) en el que descansa todo el entramado sobre el que se asienta el Ordenamiento Jurídico que rige (o debería regir) en un verdadero Estado de Derecho, Democrático y de Bienestar Social, lógicamente con la virtud de la independencia entre sí de que los dotara en su tratado, “El espíritu de las leyes”, en el siglo XVIII, Charles Louis de Secondat, Señor de la Brède  y  Barón de Montesquieu; en relación con el equilibrio, porque hace tiempo que a nuestra justicia se le paró el reloj, y, o bien porque se ha roto alguna de las cuerdas que sujetan los platillos de la balanza, o bien porque se hayan enredado entre sí, el fiel de la misma está en continuo desnivel, bien a la diestra, bien a la siniestra, si es que no se ha quedado varado; y, finalmente, respecto de la venda parece que se dirige más a provocar en sus señorías una ceguera tal que les impide la visión de los hechos y, lo que quizás sea peor, los textos normativos y su correcta interpretación y aplicación o, al menos, les provoca una distorsión de tal calibre que deriva en una aplicación de la justicia “a ciegas”.
Ya he apuntado en alguna ocasión que la JUSTICIA, así, con mayúsculas, como expectativa de la sociedad receptora de la misma, implica un plus, un algo más que, simplemente, abrir el Código Penal (o la ley de que se trate) por ésta o aquélla página, por éste o aquél artículo, y aplicarla a rajatabla literalmente, debiéndose atender a las circunstancias del caso en relación tanto del presunto trasgresor de la norma, como de las víctimas objeto de la trasgresión, en concomitancia con los valores (¡Ay, los valores!) en juego en la sociedad en el momento de la perpetración de los hechos transgresores, así como vislumbrar  la auténtica finalidad de la norma promulgada por el legislador, de lo que se deduce y colige que el acto de juzgar requiere de un hacer por parte del juzgador, que no puede quedarse sentado y cruzado de brazos viéndolas venir, alegando imprevisión o deficiencia legislativa, pues de sabios es saber que la ley escrita no puede llevar consigo un manual de interpretación y aplicación, para cuyas labores está el juez, pues de lo contrario se haría innecesaria la existencia de éste, ya que la aplicación de la ley sería simplemente mecánica (como el centrifugado de una lavadora), fría (como el mármol) e insensible (como un cuerpo inerte). Este eslabón, esencial y fundamental, para conseguir el fin último para el que se dió tal o cual norma, es la interpretación y, en su caso, integración, de aquélla, llevada a cabo por el juez, quien debe exprimirla (como se hace con una naranja o un limón) para sacarle todo el jugo que conlleva y, finalmente, de esta manera, dar satisfacción al perjudicado e imponer el castigo adecuado al trasgresor de la misma, y, en la medida de lo posible, reponer a su estado inicial el bien jurídicamente protegido y violentado y satisfacer la reparación del daño causado al perjudicado. En definitiva, se trata de interpretar la ley “ultra vires litterae”, es decir, más allá de las fuerzas de lo escrito y, por ende, de su literalidad, y hasta sus últimas consecuencias. En ello radica la grandeza de la tarea del juzgador y la alta misión que le está encomendada de cara a la sociedad a la que debe servir, para alcanzar el grado de justicia y de equidad que cada caso requiere y demanda. Pues de lo contrario, bastaría con una máquina expendedora de sentencias (a la manera de una máquina  expendedora de Coca-Colas), a la que solo habría que introducir los datos y los hechos oportunos y los artículos de las correspondientes normas legales  (como se introduce un euro en la citada máquina expendedora de Coca-Colas), y nos saldría la sentencia pura y cabalmente, incluso, fresca como el citado refresco; lo cual conllevaría la supresión o, al menos, la reducción drástica de los Órganos Jurisdiccionales, pues su función  sería desempeñada, quizás, con más grado posible de certeza y fiabilidad, por las citadas máquinas.
Pues bien, ¿puede decirse que el Pleno de la Sala de lo Civil del  Tribunal Supremo (por ocho votos frente a uno) ha hecho justicia al rechazar resarcir a los afectados por la talidomida, como pretendía el recurso interpuesto ante el Alto Tribunal por la Asociación de Víctimas  de la Talidomida en España (Avite) que reclamaba indemnizaciones por la discapacidad que les generó el medicamento?.
Parece evidente que no, por muy legal que sea su decisión, totalmente carente de sentido común, de justicia y de equidad y, por cierto, en contra del criterio del Ministerio Público, basada en que la acción de reclamación estaba prescrita por haber transcurrido 50 años (según el Tribunal “la prescripción no está basada en principios de estricta justicia, sino de seguridad jurídica”) y liberando de responsabilidad a la farmacéutica alemana Grünenthal, anulando las compensaciones económicas fijadas por el Tribunal de Instancia, cuya sentencia revocó la Audiencia Provincial de Madrid en 2.014 absolviendo  a la citada farmacéutica.
Deja, como pobre consuelo, la puerta abierta a futuras reclamaciones fundadas en la aparición de daños no conocidos o en la agravación de los actuales, como si no fueran poco las malformaciones en las extremidades y otras secuelas que produjo la administración del maldito medicamento en los niños nacidos de las embarazadas a quienes se administró, en los años 50, para aliviar las náuseas y vómitos producidos por el embarazo, sin tener en cuenta los fallecidos, calculándose el número de afectados en España sobre unos 3.000, de los que apenas quedaban unos 500 supervivientes, cuando se tuvo conciencia del origen de las malformaciones en los nacidos de madres que habían tomado el medicamento, y fue en 2.013 cuando un grupo de 183 afectados interpuso finalmente una demanda civil contra Grünenthal.
Náuseas y vómitos, sin lugar a duda, habrá producido en los afectados esta decisión, más teniendo en cuenta que a miles de afectados en otros países (Alemania, Japón o Australia) el laboratorio fabricante sí ha pagado indemnizaciones millonarias, demostrando la escasa protección que las Instituciones que se nutren del sudor, sangre y lágrimas del trabajo de los ciudadanos, a través de los impuestos que pagamos, en este país, aún hoy, a duras penas, llamado España, no están a la altura de las circunstancias, y dejan en evidencia a nuestros gobernantes que parecen no hacer otra cosa que mirarse el ombligo. En fin, esperamos que el Constitucional o en Estrasburgo le enmienden la plana al Supremo y le den un buen tirón de orejas, reparando la injusticia y la tropelía cometida contra quienes han pervivido durante más de 50 años con el lastre de la discapacidad física que les provocó el medicamento en cuestión, cuyas malformaciones y efectos teratogénicos, para conocimiento de sus señorías, no prescribirán nunca por el transcurso del tiempo. 
MIGUEL-ÁNGEL VICENTE MARTÍNEZ
10 de Agosto 2.016
 
Miércoles, 03 Agosto 2016 05:03

Justicia a medias

Esta es la JUSTICIA que, tratando de hacer justicia, valga la redundancia, por un quítame allá esas pajas, se queda a medio camino, a medio gas, a medias, en definitiva, de manera que el justiciable queda insatisfecho, por un lado, aunque, por otro, le queda el consuelo de que el roto y el descrédito producido en quien debiera ser muy escrupuloso en el uso del Decreto y de la Ley, ha quedado desarmado, como si un globo le hubiera estallado en sus propias napias.
Un recentísimo caso de lo que vamos a llamar “justicia a medias”, nos lo ha proporcionado la Sentencia del Tribunal Constitucional, que le ha dado al Gobierno de España, en funciones, con su Presidente, también en funciones, Don Mariano Rajoy Brey, a su frente, un varapalo de muy padre y señor mío, al declarar inconstitucional la famosa Ley de Tasas 10/2.012, que dicho Gobierno, con su entonces Ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, pergeñó, según justificaban como una forma de racionalizar el acceso a la Justicia, lo que ya de por sí es una irracionalidad, poniendo puertas al campo, y para disuadir a los ciudadanos de la excesiva litigiosidad que venía colapsando los órganos jurisdiccionales españoles, pues se acudía a la justicia, usando y abusando de la misma,  por temas, en realidad, baladíes, que impedían a los jueces dedicar el grosso de su tiempo a ocuparse de asuntos verdaderamente importantes y trascendentales, sin darse cuenta de que muchos de esos litigios llamados inoportunos y ridículos, venían siendo entablados por personas de alto standing, a quienes poco preocupa el tener que pagar una tasa para acceder al servicio de la justicia y que para los mismos constituía, en realidad, el chocolate del loro y que, además, lo pagaban de muy buen grado con tal de interponer demandas de lo más variopintas y que sabían, de antemano, por su poca solidez y fundamento, estaban condenadas, nunca mejor dicho, a dormir el sueño de los justos, siendo sobreseídas o no admitidas o, en última instancia, desatendidas.
Desde luego, la imposición de tasas para poder acceder a la justicia, con carácter indiscriminado, y para todo tipo de personas, fueran físicas o jurídicas, originó una cascada de durísimas críticas por parte de, prácticamente, todos los operadores de la justicia, entre otros por parte del Consejo General del Poder Judicial como del Consejo de la Abogacía, que calificaron tal iniciativa de “ataque al derecho fundamental de defensa” y que vieron en su imposición una solución, no para disminuir la litigiosidad, que es lo que ampulosamente proclamaban sus autores, sino para abrir un boquete más en los bolsillos de los administrados y tener una vía más de ingresos para la Administración Pública, que ya sabemos que es insaciable y a la que todo parece poco, sin que lo recaudado (más de 600 millones de euros) se haya reinvertido en la mejora de la justicia gratuita (ahí están los letrados del turno de oficio clamando por el mal y tardío pago de sus honorarios) o para mejorar el funcionamiento de la justicia, que está a niveles del medioevo, tanto en sus medios personales, como materiales. Tal fue el impacto negativo que tal Ley provocó en la ciudadanía y los dichos operadores jurídicos, que en el año 2.015, siendo ya Ministro de Justicia, hoy en funciones, Rafael Catalá, se  eximió del pago de las dichas tasas a las personas físicas.
Pues bien, el Tribunal Constitucional deja el caso abierto, ya que se limita a declarar “desproporcionadas” las cantidades fijas exigibles para pleitear en los órdenes civil, social y contencioso-administrativo, anulando, asimismo, el artículo que, además, impone unas tasas variables de hasta 10.000 euros en función de la cuantía económica del litigio, y sentencia que la nulidad de las tasas declarada sólo producirá efectos “pro futuro”, o sea, en nuevos casos o en procedimientos que no tengan aún resolución firme o, lo que es lo mismo, que esta declaración de nulidad de las tasas no tendrá efectos retroactivos, como en tantas otras resoluciones, indebidamente, ha decretado el Alto Tribunal, lo que es dejar en el limbo a todos aquellos que habiendo satisfecho una tasa inconstitucional y, por tanto, contraria a ley, tendrá que envainársela y no podrá recurrir solicitando su devolución, lo que, en verdad, roza, en cierto modo, también en lo inconstitucional, pues parece que una norma que nunca debió entrar en vigor por su anticonstitucionalidad, los efectos producidos durante su vigencia, se dan por buenos, lo que constituye una auténtica inconsistencia y una verdadera contradicción, alegando que la devolución de lo cobrado durante los últimos 4 años supondría un “perjuicio a la Hacienda Pública”; sesudos que son los miembros del Tribunal Constitucional, porque perjuicio en realidad, para las arcas públicas, no existe, ya que se limitaría a la devolución de lo indebidamente cobrado y sin embargo, sí existe un perjuicio y grande y grave para los administrados que han tenido que satisfacer unas tasas que ahora son declaradas contrarias a la ley de leyes, o sea, a la Constitución Española. En definitiva, una pescadilla que se muerde la cola, que, sin embargo, deja a los miembros del Alto Tribunal satisfechos, como queda quien se hincha a una buena paella a la vera de la mar durante esta canícula, faltándoles solamente, para hacer una buena digestión, una copa y un puro. Y a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga.
Ante esta metedura de pata por parte del Gobierno del Sr. Rajoy, que tanto exige peticiones de perdón e incluso imputaciones y condenas (la reciente petición del Gobierno al propio Tribunal Constitucional de que enchirone a la Presidenta del Parlament Catalá, Carme Forcadell), ya está tardando demasiado el Gobierno de España en comparecer a dar explicaciones a la ciudadanía sobre la declaración de nulidad de la ley de tasas y, sobre todo, a pedir perdón por la aberración cometida aprobando dicha ley en contra del sentido común y de, prácticamente, de todos los operadores jurídicos, incluida la dimisión de sus autores directos y responsables de tal tropelía, sin que quepa escaparse por el camino de en    medio, alegando que el Sr. Gallardón ya no forma parte del Ejecutivo, ya que la dicha ley fue promovida por el Gobierno en pleno. Pero ya sabemos, a estas alturas de la película, que los miembros del actual Gobierno son “irresponsables”, además de mear agua bendita.
 
MIGUEL ANGEL VICENTE MARTINEZ
3 DE AGOSTO 2016
 
 
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