¡Estás más buena que el pan!

Miércoles, 31 Mayo 2017 08:44   Miguel Ángel Vicente Opinion
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“Más bueno que el pan”, aplicado a personas es sinónimo de “muy bueno”, según se expresa el Diccionario de Uso del Español, de María Moliner, y en una segunda entrada, según el mismo Diccionario, con el verbo “estar” y aplicado a personas, “muy atractivo físicamente”, y en una tercera y última entrada, aplicado a alimentos, “muy bueno de sabor”. Por tanto, aplicado a personas y dentro de éstas, a las del género femenino, hay que concluir que es un dicho o piropo, si se quiere un tanto basto, zafio y barriobajero, para referirse al porte de una mujer, que rozando la perfección o no tanto o más bien, incluso, casi, y siempre dependiendo del gusto y la apreciación del “piropeante”, se lanza al aire al paso de una mujer de bandera para expresar que no pasa desapercibida para el sujeto activo, pudiendo considerarse como un cumplido, si se dice con gracia y ayuno de soez. Y siempre que no encalle con una feminista de pacotilla que se sienta ofendida, pues ya sabemos los intentos por parte de este movimiento de acabar con el arte del piropo.

Por tanto, ya lo tenemos, al paso de una mujer de bandera, no es de extrañar que algún sujeto pueda agasajarla con un puro y duro “estás más buena que el pan”, por referencia a ese producto comestible que, en principio, no parece ser desdeñado por nadie y que, incluso, ejerce un poder o vis atractiva hasta el punto de que no podríamos rechazarlo.

Y ello es así, sin caer en ningún escándalo o exageración desde “in illo tempore”, es decir, desde que tenemos uso de razón y desde que, si lo recordamos, nos empezaron a salir los dientes, y el que se rasgue las vestiduras es porque es un pincelín y quiere comportarse como si, un Petronio cualquiera, fuera el árbritro de la elegancia, o porque está ciego, o porque carece del coraje, valor y arrojo suficientes para dirigir un piropo de tal calibre a una mujer, o porque sus gustos tiran hacia otro lado.

Pues bien, ahí tenemos, como tantos refranes, dichos o frases contenidos en el Refranero Español, tan certero, como a su vez, tan puñetero, en el que sale a la palestra el PAN, que según el propio Diccionario de Uso del Español, de María Moliner, del que tanto tiro o echo mano, es “comida hecha con harina, generalmente de trigo, amasada con agua y levadura y cocida al horno después de fermentada, en piezas de distintas formas y tamaños”.

Hay multitud de clases de PAN, yo diría que tantas como bocas para comerlo o deglutirlo. Así, pan ácimo (o ázimo), macerado, de azúcar, bendito, candeal, cenceño, de higo, integral, de molde, perdido, pintado, quemado, rallado, sin sal, de centeno, sobado, tostado, de pueblo, etc., etc.

Y no digamos de su uso en numerosos refranes, frases o dichos, como pone de manifiesto el tantas veces mentado diccionario de María Moliner: “contigo pan y cebolla”, expresión más bien humorística que se atribuye simbólicamente a los que se casan o piensan casarse sin tener con qué vivir, o sea, típica frase del superenamorado que para lograr los favores de su presa reconoce no tener donde caerse muerto, pero que es tanto el amor que le profesa, que está dispuesto a casarse con ella aunque finalmente muera de inanición o sujeto a un menú diario de cebolla y pan (sin preguntarse si la susodicha está dispuesta a alimentarse de tal guisa y a sufrir tal tormento), y que queda muy bien para la galería, pero que en la realidad y a la larga, acabaría con dar al traste con ese amor proclamado tan desinteresado que hasta uno puede olvidarse del comer mínimamente decente, aunque la cebolla la pusiera en el cielo el amor paternal de un gran poeta español, el oriolano Miguel Hernández, en sus celebérrimas NANAS DE LA CEBOLLA, dedicadas a su hijo, a raíz de recibir una carta de su mujer en la que le decía que no comía más que “pan y cebolla”: “La cebolla es escarcha/ cerrada y pobre./ Escarcha de tus días/ y de mis noches./ Hambre y cebolla,/ hielo negro y escarcha/ grande y redonda.../, poema musicado y cantado, con notable acierto, por el cantautor Joan Manuel Serrat; “dame pan y llámame tonto”: frase que dice alguien o con que se comenta conducta de alguien que no se da por ofendido con los insultos o las desatenciones, si con ello obtiene una ventaja material; “de toma pan y moja”: expresión ponderativa, especialmente para una buena comida o una persona muy atractiva físicamente, o sea, más o menos, el caso referido en el título de este artículo; “el pan nuestro de cada día”: cosa que se repite con mucha frecuencia y a la que se está acostumbrado; “ganarse el pan”: trabajar y ganar lo necesario para vivir, al que se puede y suele añadir “con el sudor de su frente”: “hacer un pan como unas hostias”: hacer algo que resulta muy mal hecho o de muy malas consecuencias; “negar el pan y la sal”: no reconocer a alguien ningún mérito; “no pedir pan”: no estorbar algo que puede tener utilidad más adelante; “no sólo de pan vive el hombre”: frase que expresa que para que el hombre alcance su plenitud deben cubrirse otras necesidades además de la manutención; “por mucho pan nunca es mal año”: refrán que expresa que lo que abunda, cuando es bueno, no perjudica; “por un pedazo de pan”: por una remuneración miserable; “quien da pan a perro ajeno, pierde el pan y pierde el perro”: refrán con el que se comenta lo inútil que resulta beneficiar a una persona desconocida; “es pan comido”: ser muy fácil de hacer o de conseguir”; y posiblemente otros muchos quizás no recogidos en los manuales de refranes, pero existentes en el acerbo popular, pues ya he dicho en más de una ocasión, que el refranero es el compendio de la filosofía parda del pueblo, que recoge o recopila las vivencias reales y verdaderas del día a día, de la cotidianidad, en más de una ocasión en plan burlesco o faltón, para resaltar con más amplitud y miras de comprensión lo resultante de las relaciones humanas en el vivir cotidiano y que suelen comprender verdades como puños e irrefutables.

Pues bien, de consuno, o sea, a posta, como suele decirse y con toda la picardía posible, he dejado para lo último ese refrán, según el cual “pan con pan, comida de tontos”, frase que, además de su sentido material, se emplea en sentido figurado para expresar “lo soso o falto de interés que resulta algo que se hace entre cosas o personas iguales, particularmente una reunión de personas del mismo sexo”. Y es que, en relación con este refrán, más de 650 maestros panaderos en España han declarado la guerra a la Real Academia de la Lengua Española (RAE) y al Instituto Cervantes, pidiéndoles que eliminen dicho refrán de todos sus manuales, por ser un refrán que denigra a toda la profesión, a un gran producto y a todos los amantes del PAN; habiendo reunido en una semana casi 3.800 rúbricas en ese sentido, habiéndose adherido, como no podía ser menos, algún personaje que está agazapado a la espera de que surja algo así, en realidad una nimiedad, para salir del ostracismo y dar señales de vida (¡oiga, que aquí estoy yo!), tales como la presentadora de televisión, Tania Llasera, o el cómico Luis Piedrahita, a través de sus cuentas en Twiter, proponiendo la primera su sustitución por “Pan con pan, no es comida para tontos”, o el segundo “pan con pan, comida de todos”. El colectivo ha criticado a la RAE alegando que es “responsable de velar por el buen uso de la lengua” y al Instituto Cervantes por editar “el refranero multilingüe”, pidiéndoles que eliminen este dicho, ya que “no dignifica” un oficio que es “muy sacrificado”. Ni qué decir que la alta institución, la RAE, a través de un portavoz ha asegurado que “como es habitual” en otros casos no entrará a valorar este tipo de peticiones, lo que es una manera educada y fina de hacer oídos sordos y no entrar al trapo cuando se trata de majaderías, a la manera como se expresa José Mota, en el sentido de que, si hay que ir, se va, pero ir “pa ná”, es tontería.

Mas, vayamos por partes: yo me considero un fan acérrimo del PAN, hasta el punto de que no sería capaz de comer sin acompañar la comida con este producto. Es más, creo que,  además, seré tonto de remate, pues en no pocas ocasiones, esperando las viandas me he entretenido comiendo pan a solas, o sea, pan con pan.

Es más, creo que este refrán, en realidad, más certero sería diciendo “PAN CON PAN, COMIDA DE POBRES”, pues en mi niñez fui testigo de aquellos compañeros que, por escasez de medios económicos, deglutían media barra de pan con una sola onza de chocolate o una barra entera sin siquiera media onza.

Y un trozo de pan, para el hambriento ha sido, en no pocas ocasiones, un manjar y un medio para combatir el hambre extrema.

Quizás los panaderos, contra los que nada tengo y me caen bien, pues ya he dicho que para mí el PAN es algo casi sacramental en mis comidas, quieran llamar la atención, en atención, valga la redundancia, a que en los últimos diez años este sector ha perdido  un 20 por ciento de cuota de mercado y los panaderos panaderos venden un 47 por ciento menos en sus establecimientos.

Y es que, las grandes superficies aglutinan un importante porcentaje de consumidores de pan, al encontrar éste a un  muy bajo precio, mientras que hay panaderías en el que el precio del continente supera con creces al del contenido.

MIGUEL-ANGEL VICENTE MARTINEZ

    31 de mayo de 2017