Con cien cañones por banda

Miércoles, 15 Febrero 2017 01:20   Miguel Ángel Vicente Opinion
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Con la prohibición de exhibir animales vivos en los Circos, ya extendida casi por toda la piel de toro, cuyo espectáculo constituía en sí la razón de ser fundamental de los Circos, sin ánimo de quitar importancia y relevancia a otros números, tales como los saltimbanquis, los trapecistas, el hombre bala o los payasos (¡Ay, los payasos!), entre otros, en aras de ese dogma animalista de querer tratar a los animales como personas humanas (aunque al hablar solamente de personas, ya se presume e intuye que nos referimos al ser humano, dotado, teóricamente, de voluntad e inteligencia, y aunque algunos, más de los deseados, tengan más de animal irracional que de hombre) y considerar, sin hacer un estudio e investigación exhaustivos, que los mismos en el espectáculo circense eran y son objeto de maltrato, tanto físico, como psicológico, sin tener en cuenta, ni para qué, que tal espectáculo circense contribuía a enseñar y mostrar a la ciudadanía en general, pero, especialmente a los niños, una serie de animales que quizás, nunca vieron ni verían en directo y en vivo, y sin tener en cuenta, ítem más, en descargo del Circo, que los animales que en ellos actuaban junto a sus dueños, por regla general, no sólo eran atendidos adecuadamente, sino, incluso, mimados, aunque solo fuera por el interés crematístico de seguir atrayendo al espectáculo a la mayor cantidad posible de espectadores, como medio de provisión de sus propias habichuelas diarias. Pues bien, con esta mendaz teoría, adoptada, como no podía ser de otra manera, por los políticos de turno, esos seres que, casi con el encefalograma plano, asumen la tarea de legislar sobre los bienes y las personas del pueblo, está llevando al extremo de que, ante el galopante descenso de espectadores a lo que se ha venido considerando como “el mayor espectáculo del mundo”, al cierre de muchos de ellos y a que, más bien pronto que tarde, ese considerado, repito, “el mayor espectáculo del mundo”, pase a ser historia, por culpa de unos lunáticos, que defienden a ultranza, en muchas ocasiones sin sentido, a los animales, sin distinguir, y que, sin embargo, se muestran tan proclives, dóciles y sumisos y también defensores de la práctica del aborto, que trunca la vida de un alter ego de esos descerebrados, que habría que ver qué dirían si en el momento de hallarse en el vientre de sus respectivas madres, éstas hubieran siquiera mencionado de pasada la posibilidad de abortarlos y haberlos arrojado, hechos papilla, y en su caso, desmembrados, a las alcantarillas a través de los desagües de sus lavabos, y dando pábulo al mayor genocidio, sin solución de continuidad, de la historia de la humanidad. Precisamente, por los niños en peligro de aborto, el Papa Francisco, en el Ángelus, el pasado día 5, propuso rezar por ellos. Por cierto que en el reciente cónclave del PP, lo que constituía esencia en sus programas electorales y en su ideario ideológico, el aborto, ha quedado pospuesto “ad calendas graecas”, abrazando la ideología relativista del Sr. Rodríguez Zapatero, en esta cuestión, renunciando a la defensa de la vida del no nato y convirtiéndose en cómplices de la masacre humana en el ámbito uterino.

Y no hablamos de oído, sino que uno de los Circos, con mayor antigüedad (146 años), el “Circo de los Hermanos Ringling”, que se define como “el mayor espectáculo sobre la Tierra”, en mayo de este año echará el cierre ante el descenso de espectadores, fundamentalmente por la ausencia de elefantes que fueron apartados del espectáculo en 2.016 ante las quejas de agrupaciones animalistas y ecologistas, por supuesto maltrato a los paquidermos.

Ahora bien, nos queda el consuelo de trasladar la pista circense a los saraos de los políticos, en cuyo gremio, más que elefantes, abundan los payasos y los titiriteros, y cuyo espectáculo bien podría suplir el de los Circos tradicionales, aunque, en realidad, estos individuos no arrostran el maltrato sobre sí, sino que son un peligro permanente para la ciudadanía en general. Pero, espectáculos, especialmente, de payasos, no nos faltan, aunque la mayoría de las veces, carezcan de un mínimo de gracia. En fin, quedarán para el recuerdo y para las historietas del abuelo a sus nietos: “había, una vez, un circo...”.

Pues bien, uno de esos espectáculos grandilocuentes, en sustitución de los que se venían dando en la pista circense, nos lo ha ofrecido recientemente nuestro Presidente del Gobierno, Don Mariano Rajoy Brey, derivado de la llamada telefónica de su homólogo, Donald Trump, Presidente de los United States of America, que ha llenado de gozo a nuestro premier, que por un momento se ha sentido importante, cuando no indispensable, en el concierto internacional, tras hablar (es un decir, porque más bien parecería un dialogo entre sordos) durante quince minutos de cuantos asuntos y temas ocupan la actualidad (el Brexit, el yihadismo, la economía, las relaciones bilaterales y un sin fin más de asuntos, no reconocidos por la Casa Blanca, pero lanzados a bombo y platillo por la Moncloa), que ya son ganas de hacernos comulgar con ruedas de molino, una vez más, a los ciudadanos. Y es que si nos atenemos a pies juntillas a lo publicitado por España (que no por Washington) dicha conversación ha dado más de sí, en tan breve espacio de tiempo, que los productos que pueden derivarse de la matanza del cerdo, sea o no, por San Martín.

Ya de por sí, causa sorpresa y una cierta irrisoriedad no contenida, que se cacaree y se ponga en valor el contenido de la pretendida conversación que, probablemente, hablando en términos del castellano más puro y duro, habría que calificarla de “conversación entre dos besugos”. Y solamente, en principio, por el idioma, nulo por parte de nuestro primer mandatario en cuanto al inglés (y la misma deriva respecto del castellano del inquilino de la Casa Blanca), idioma que debiera conocer, hablar y escribir, con la soltura propia de un nativo, no ya del Wall Street de Nueva York, sino del Londres más castizo y puro del Big-Ban. Pero, en esto de los idiomas, especialmente respecto del inglés, nuestros sucesivos Presidentes del Gobierno de España y la mayoría, por no decir todos, nuestros políticos, se han destacado por ser un cero a la izquierda, siendo esta del inglés una asignatura pendiente que no acaban de aprobar, siendo sangrante e hiriente que el Sr. Rajoy, que dicen que desde su acceso a la Moncloa, tiene una profesora en exclusiva de inglés (a la manera como el Presidente francés, Monsieur Francois Hollande, tiene durante las veinticuatro horas del día a su disposición y servicio un peluquero, con sueldo de Ministro, para que le atuse los tres pelos que se desparraman por su cabeza) para ilustrarle en la lengua de William Shakespeare, pero ni por esas, lo que da la talla de “negado” que es este hombre, para una cosa que hasta un chiquillo recién nacido podría llevar a cabo con buen éxito, pero, claro, parece estar más preocupado de distanciar a su Partido y sus miembros de la corrupción, cosa harto difícil ante la reciente sentencia del primer juicio sobre la Gürtel (y los que te rondaré morena), que ha terminado con la prueba de la existencia de una trama criminal y organizada para financiar ilegalmente al PP, con abrumadoras sentencias condenatorias para sus cabecillas, teniendo poco trayecto el que el pájaro del logotipo del Partido, sea gaviota, charrán o albatros, lo quieran desconectar de constituir un ave caracterizado por alimentarse, en buena medida, de carroña, lo que empieza a ser bastante sintomático y definitorio respecto del Partido de marras.

Pero el colmo de los colmos, es que nuestro Presidente se haya ofrecido ante el mandatario americano como el único interlocutor ante Estados Unidos, respecto de la UE, de América Latina, del Norte de África y de Oriente Medio, y si se tercia también, del Próximo y del Lejano, que nada le arredra cual sastrecillo valiente, metiéndose en camisa de once varas y arrogándose una representación de la que carece absolutamente, ninguneando a su admirada y mentora, Frau Ángela Merkel, pasando por encima de su cadáver, y obviando a la jefa de la diplomacia europea Federica Mogherini, que el pasado día 9 se reunió en Washington con Secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, considerando, tácitamente, que la totalidad de los mandamases mundiales fueran unos incapaces, judicialmente declarados como tales, y él hubiera sido nombrado su tutor o curador. Más o menos creyéndose como el único hombre sobre el planeta válido para mediar entre EEUU y el resto del mundo, precisamente quien no tiene repajolera idea siquiera de inglés, pues ya me dirán ustedes, de sus conocimientos del árabe, del francés, del ruso, del sueco, etc. Y es que la ignorancia y la indolencia es la madre de la osadía y la arrogancia. Poco menos que se eleva a la altura de todos los héroes habidos y por haber, quitándole el puesto a los Batman, Spiderman, los Vengadores y cualesquiera otros de la misma o parecida guisa. No sabe nuestro Presidente lo que se ha echado a las espaldas, poco menos que los trabajos de Hércules o de Persiles y Sigismunda. El magnate americano se quedaría haciéndose cruces y recordando la película de Luis García Berlanga, interpretada por el genial Pepe Isbert, “Bienvenido, Mr. Marshall”, y se daría una buena “panzá” de reír. No es de extrañar, que la oposición en general se haya quedado estupefacta, y así el PSOE le fustiga por actuar como “mayordomo” de Trump, acusándole de buscar la vuelta “a las Azores”, y en palabras de Patxi López “parece el chico de los recados del Presidente de EEUU”.  

                Ante este panorama, habría que sustituir la estatua (que en ello están) de Cristóbal Colón, en el Puerto de Barcelona, con el índice de su mano derecha apuntando a Las Américas, por otra de Mariano Rajoy Brey, pero con los cinco dedos de su mano diestra extendidos, signos de los cinco continentes cuya representación se ha arrogado, por sí y ante sí.

                Y para tal menester, está claro que habría que hacer algunos retoques en la “Canción del Pirata” de José de Espronceda:

 

“Con cien cañones por banda,

viento en popa, a toda vela,

no corta el mar, sino vuela,

un pepero bergantín.

Bajel pirata que llaman,

por su bravura, el Temido,

en todo mar conocido

del uno al otro confín.

La luna en el mar riela,

en la lona gime el viento,

y alza en blando movimiento

olas de plata y azul;

y va el capitán pirata,

un tal Rajoy Brey,

cantando alegre en la popa,

Asia a un lado, al otro Europa,

y allá a su frente Estambul...”

               

 

MIGUEL-ANGEL VICENTE MARTINEZ

   15 de febrero de 2017